El empleo: las entrañas de la ciudad

Si buscamos la palabra “ciudad” en el diccionario encontraremos la siguiente definición:

Conjunto de edificios y calles, regidos por un ayuntamiento, cuya población densa y numerosa se dedica por lo común a actividades no agrícolas.

Vemos por lo tanto que la ciudad sin personas no tendría cabida y estas tampoco podrían mantenerla sin la realización de ciertas actividades. Estas han ido cambiando a lo largo del tiempo, y también ha evolucionado la forma de producción de las mismas. Hemos pasado del artesano que tardaba días o incluso semanas para confeccionar un par de zapatos, a las grandes tiendas de moda como Zara o Mango que en tan solo unas horas y gracias a una cadena de producción perfectamente establecida, producen grandes cantidades de calzado.

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Un zapatero artesano crea calzado a mano

Todo se inició con la Revolución Industrial, que permitió gracias a la mecanización, robotización y finalmente digitalización del trabajo, que las tareas que antes elaboraban un amplio conjunto de personas, hoy las realicen una o dos y con más eficiencia. Esto, que en un primer lugar puede parecer positivo, ya que la idea de progreso y tecnología suele maravillar al hombre, es realmente negativo en el fondo. ¿Por qué? Si recapitulamos y volvemos a la definición con la que hemos iniciado este comentario, veremos que según la RAE la población se dedica por lo común a alguna actividad. Pero si las máquinas trabajan por las personas, muchos puestos de trabajo se ven suprimidos y por mucho que la sociedad en un primer momento no se vea afectada, ya que una máquina esta substituyendo y realizando la tarea, en el fondo, si estos casos son múltiples, nos enfrentamos a una grave situación. Esto puede afectar incluso a los derechos de los ciudadanos, que se quedan en la calle porque ya no son “necesarios” simplemente por el hecho de que es mucho más barata y rápida una máquina que una persona. Y de este modo hay cada vez menos empleo y menos trabajo asalariado a desempeñar directamente por personas, y cada vez más máquinas. Pero, ¿así se construye una sociedad? ¿O la estamos destruyendo?

Como consecuencia de esto, encontramos ejemplos como el citado en el artículo del blog de José Pérez de Lama, De Lafargue a Negri pasando por Keynes: Derecho a la pereza, tecnologías y fin del trabajo asalariado, en el que se muestra que en la comunidad autónoma andaluza hay un desempleo juvenil que asciende al 60% pero el sistema sigue funcionando. Esto es comprensible después de haber visto que el capital cada vez necesita menos trabajadores pero al mismo tiempo esto puede tener consecuencias muy negativas para el futuro. Si la juventud de hoy no trabaja, al fin y al cabo hoy no se percibe con la gravedad con la que se percibirá en un futuro. Cuando sean ellos los que deban sacar el peso del capital adelante.

Aún así, una solución a dicho problema que he encontrado en el blog citado anteriormente, seria organizar el trabajo para cubrir bien todas las necesidades sociales, de manera que las personas se distribuyeran las tareas de forma razonable. Esto tiene algo muy positivo, con una buena organización del trabajo, estaría en manos de cada uno realizarlo en el tiempo que cada uno necesitara, y el resto de horas se podrían convertir en tiempo libre para que los ciudadanos se dedicasen a la cultura, las ciencias, las artes, el amor, la familia… Muchas veces cuando voy en el autobús me detengo a mirar las caras de las personas que me rodean. Normalmente son rostros serios, agobiados, con ojeras… Necesitados de tiempo libre para sentirse completamente realizados y no explotados, como muchos de los que sí trabajan dicen sentirse.

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Escena que representa a una empresaria satisfecha con su trabajo

Otro aspecto importante que trata el blog y hay que tener en cuenta, es la deslocalización de buena parte de la producción en países con mano de obra mucho más barata que España, por ejemplo. Esto, que parece muy bueno para los grandes empresarios, ya que reduce costes y por lo tanto crecen los beneficios, es otro punto negativo que derrumba más puestos de trabajo. El hecho de que parte de la cadena de producción se realice en el exterior para abaratar costes, tiene mucha repercusión. En primer lugar, es muy común que las condiciones en las que trabaja la gente del tercer mundo, como por ejemplo la India o China, sean totalmente indignas. Esto trata de ocultarse para que el comprador final del producto no se “sienta mal” al adquirir algo que para que valga ese precio ha tenido que confeccionarlo un trabajador en pésimas condiciones. Pero todavía hay más. Ese trabajador indio está substituyendo a uno español, por ejemplo, y por lo tanto ese ciudadano español que está en el paro no puede aportar el dinero a la sociedad que aportaría si tuviese ese puesto de trabajo. Estamos hablando de un pez que se muerde la cola.

Cada vez es más complejo encontrar empleo porque cada vez se recortan más los puestos de trabajo. En mi opinión deberíamos crear más empleo, a pesar de que eso incremente un poco nuestros costes, porque de este modo mejoraríamos la economía de las ciudades y evitaríamos la explotación injusta de terceros. Estos puestos de trabajo estarían bien organizados y así se evitaría la explotación. Se debería dejar tiempo para el ocio de cada uno, se deberían contemplar más los derechos y las necesidades de las personas. Solo de este modo crece una ciudad; cuidándola. Porque muchos detalles juntos pueden marcar una gran diferencia.

 

Borja Mtz-Alcalá

 

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